Tema 4: “Recipientes nuevos”

Una imagen recurrente en el Antiguo Testamento para representar la alianza entre Dios y su pueblo es tomada de la figura del matrimonio, sea desde la fiesta de boda o desde el compromiso de la fidelidad, Dios es presentado como el esposo que entrega todo por la salud y protección de su pareja (Isaías 54:5). Retomando esa tradición Jesús se presenta también como el “esposo de la iglesia”.

Cuando los discípulos de Juan el Bautista observan el comportamiento de los seguidores más cercanos a Jesús, encuentran en ellos la ausencia de una práctica que era fundamental para su entendimiento de lo que significaba “dejarlo todo”. Estos discípulos del Bautista encuentran que el ayuno era una disciplina común entre ellos y los fariseos, pero no en los seguidores de Jesús. Para ellos la experiencia religiosa de los seguidores de Jesús estaba incompleta, de tal manera que se acercan a Jesús para preguntarle: “Nosotros y los fariseos ayunamos mucho. ¿Por qué tus discípulos no hacen lo mismo?” (Mateo 9:14)

Ya desde el sermón del monte Jesús había enseñado que la práctica del ayuno debía realizarse muy distinto a la manera mostrada por los fariseos, en vez de presentarse tristes y en debilidad por la falta de alimento delante de los demás, Jesús instruye que sus discípulos deben ayunar en secreto, sin hacer espectáculos, con actitud de fiesta y alegría (Mateo 6:17).


En este caso, ante la pregunta de los discípulos del Bautista, Jesús les responde que ellos no pueden ayunar mientras están de fiesta, mientras “el esposo” está con ellos, no cabe el espacio para no comer, sino todo lo contrario, se debe participar en la agenda de la fiesta[1] y disfrutar sus bendiciones integrales. Jesús en su venida y manifestación a la humanidad inauguró un tiempo sin precedentes de acceso a las bendiciones del Reino de Dios. Para entrar a ese reinado es necesario “echar el vino nuevo en recipientes nuevos”.


“Tampoco se echa vino nuevo en recipientes viejos, porque cuando el vino nuevo fermenta, hace que se reviente el cuero viejo; así se pierde el vino nuevo, y se destruyen los recipientes. Por eso, hay que echar vino nuevo en recipientes de cuero nuevo. De ese modo, ni el vino ni los recipientes se pierden” (Mateo 9:17, TLA)


Jesús nos introduce a una nueva realidad de vida, de tal forma que la religiosidad de su tiempo no podía simplemente actualizarse con un “remiendo”, todo lo que Jesús aporta en su evangelio del Reino de Dios es nuevo, el contenido de su mensaje exige nuevos recipientes en las mentes y corazones de quienes le escuchan.

[1] En el rito matrimonio judío, los amigos del esposo eran los que formaban el cortejo que lo acompañaba cuando salía al encuentro de su esposa (Armando Levoratti, ed. “Comentario Bíblico Latinoamericano: Nuevo Testamento”, Editorial Verbo Divino, pág. 329)

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